En pareja, ¿enemigos o aliados?

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Llegó septiembre y con él la ya famosa vuelta al cole y a la rutina, lo cual a veces se puede convertir en algo angustiante si lo que asociamos a ello es aburrimiento, cansancio y pereza, entre otros calificativos negativos. Al contrario, si tratamos de verlo como una vuelta a los horarios que nos equilibran y a las tareas en las que podemos aportar, como el reencuentro con personas queridas que en las vacaciones no hemos podido ver o como una oportunidad para comenzar actividades nuevas e ilusionantes, quizá entonces esa angustia se alivie un poco y, aunque echemos en falta las vacaciones y el tiempo libre, la vuelta se haga un poco más liviana.

Y es que la manera en la que enfocamos las cosas nos afecta, y mucho. En lo que tiene que ver con las parejas que afrontan alguna situación difícil en su relación hay mucha diferencia entre quienes lo afrontan de manera conjunta y entre los que deciden hacerle frente a nivel individual e incluso situando a su pareja en el “bando” contrario. Si vemos a nuestra pareja como nuestro enemigo, tenderemos a actuar como lo haríamos en un contexto bélico, es decir, protegiéndonos y tratando de hacer daño al otro, lo cual se traduce, consciente o inconscientemente, en cosas como hacer reproches, culpabilizar y ridiculizar al otro, no ser asertivos o no escuchar realmente al otro. Sin embargo, si intentamos ver a nuestra pareja como nuestro aliado frente a esa situación que nos afecta a los dos, entonces será más sencillo hacer equipo y buscar conjuntamente las herramientas que nos permitan valorar qué está pasando, cómo nos estamos sintiendo con eso que está pasando y qué necesitamos para lograr el bienestar en la relación. Todo ello desde el respeto mutuo, la responsabilidad, la escucha activa y la empatía.

Lo interesante es que no se trata únicamente de hacer un cambio a nivel verbal cambiando “enemigo” por “aliado” o diciendo en alto que somos un equipo, sino que es necesario sentirlo realmente, esto es, hacer un cambio real del enfoque con el que miramos a la pareja y a la situación problemática. Solo así podremos verdaderamente percibir la fuerza de ese equipo y sentirnos acompañados en ese proceso.

Además, todo esto aplica no solo a las parejas sino también a cualquier otro tipo de vínculo que tenga ante sí una situación similar, ya sea, por ejemplo, un vínculo familiar o de amistad. Por todo ello, hagámonos las siguientes preguntas: ¿Desde dónde estoy mirando a mi pareja? ¿Le estoy viendo como alguien con quien aliarme y unir fuerzas desde nuestro malestar común o como alguien contra el que tengo que luchar y defenderme? Lo que respondamos nos dará la guía de hacia dónde debemos dirigirnos si realmente queremos sanar y fortalecer la relación en lugar de sobrevivir en la relación.

Lorena Hernández – Psicóloga

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