
Esta es una de las preguntas habituales que me encuentro en las sesiones de formación de mandos en las empresas y organizaciones. Aparece una y otra vez. También en las sesiones de coaching ejecutivo donde un profesional asciende y tiene responsabilidad sobre otros compañeros. O en los proceso de consultoría organizacional donde diseñamos nuevas maneras de organizarse, liderar y participar. Más como una expresión de fastidio o engorro que como curiosidad o disfrute.
La diferencia principal entre un profesional y un mando (póngase aquí coordinador, lider, jefe… que este no es momento de entrar en sus diferencias) es que el primero actúa a través de 2 manos y el segundo a través de 20, 40 o 200 manos. El primero actúa directamente y el segundo indirectamente.
Al primero le sirve con autodirigirse: autoconocimiento. El segundo necesita conocer a los demás: sus motivaciones, sus estilos, sus fortalezas, sus potenciales. Y eso requiere una actitud, un esfuerzo y unas competencias.
Yo suelo decir que para ser mando te tienen que gustar las personas; por lo menos interesar. Si no no hay manera de entenderlas, de activarlas, de acompañarlas o dirigirlas. Lo harías como te gustaría que lo hicieran contigo, pero puede no ser lo apropiado para ellas. Es como hacer que hablen tu idioma en vez de adaptarte tu al suyo. Sí, quizás puedas hacerlo (imponerlo, si tienes poder para ello) pero eso no significa que seas efectivo o que consigas el mejor de los resultados posibles.
Por tanto, si ser (hacer de) psicólogo es entender cómo son y cómo funcionan las personas, entonces sí, necesitas ser psicólogo para ser un buen mando.
P.D. y un buen padre, pareja, hermana, ciudadana… 😉
Nice Lazpita Consultor y coach sistémico
